¿Una taza de café antes de irte? ☕. Juro que no se está tan mal en este andén.

lunes, 23 de octubre de 2017

Mi Big Bang.

Hemos sido nuestro propio catastrofismo.


Fueron muchas las veces que estallamos en risas nerviosas mientras yo me negaba a darte los lunares de mi cuello y tú no parabas de ver constelaciones. Muchas y suficientes veces para acordarme, hoy también, de ti.

Puede que llegara tarde a la primera cita, pero eso no impidió que diera paso a la primerísima de las tantas deudas que aún nos debemos. La primera, la que vino con sabor a Gin-tonic mezclado con anécdotas, carcajadas y mucha curiosidad. Deuda que ya intenté devolverte alargando una noche de deseos de cumpleaños y donde, a día de hoy, sigo sin saber si nos miramos y temblamos, o fue al revés. Digamos que fue como una noche de verano y tormenta eléctrica al contacto de tus dedos en mi pelo, erizando cualquier zona que sigue queriendo ser besada por ti. Y es que ese día llegamos sin sabernos, pero supimos saborearnos.

Qué fácil fue enredarnos en una complicidad que ya dábamos por perdida y que sin querer nos enganchó como quien se niega a separarse de su dosis diaria, porque así éramos. Y aunque yo siempre prefería absorberla con los besos a cuentagotas de un principio suicida, te disfruté mejor sin hora y con colonia, en mi cama. Me dejaste un olor, dos, quizás cuatro libros, varios lugares, muchos besos y más recuerdos de los que me gustaría. Porque me dejaste. Y no hablo de dejar algo que no empezó, sino de dejarme en cueros y calada, de llegar donde no quería que llegaran y donde no quiero que nadie vuelva a firmar. Porque no soportaría otro "eres maravillosa, pero".
Entraste sin ser visto y ahora tengo dos tics azules. 

Siempre te he regalado mi verdad, aunque admito que escribirla araña más, y que escribirte aquí es mi último regalo, porque me has vaciado. O igual he sido yo sola cansada de planes futuros pero sin ganas de mi, ahora, en estos momentos, porque sí.

Sé que no me engañaste, y no nos culpo por ser razonables, pero me sería tan fácil mandar al traste mis deberes si te tuviera delante... No sólo la carrera tiene asignaturas pendientes, las de la vida se clavan un poquito más. Ojalá nunca te arrepientas de dejarme pasar y sea lo mejor para los dos, aunque yo ahora no sepa verlo. De hecho estoy segura de que ganamos, de que nos descubrimos y de que necesito que se repita el ciclo lunar cientos de veces para que quiera quedarme a dormir en otra espalda, y eso que no llegué a soñar en la tuya.

Qué irónico el huracán de sentimientos cada vez que intento escribirnos. Lo que tú leerás en cinco minutos a mi me ha hecho volverme loca. He sentido rabia, he llorado y me he reído, porque en el fondo siempre hemos sido eso, risa, ¿por qué lo complicamos? Tengo las ganas erizadas y en espera a un acto de rebeldía y posesión de pantalones, o de todo lo contrario.  Solo nosotros nos quedaremos con la duda de lo que pudimos hacer juntos; de los paisajes que me pudiste mostrar en un pueblo, de los partidos y sus apuestas, de las revanchas, de mirarte mientras bailo, de emocionarme al escucharte tocar. Te aseguro que pensarlo también me parece bonito, aunque se vaya con el final del tema de Mia y Sebastian.

Descubrirte mis zonas más erógenas y vergonzosas no me pareció tan difícil. Y mentiría si te dijese que ya no nos pienso como animales hambrientos en cualquier rincón de la ciudad. 
Y no tienes ni idea de lo que me reiría a carcajadas y a labio mordido obligándote a que te quitaras la camiseta sólo porque se me antojara ordenárselo a un valiente, pero perdedor.
Me pasaría horas mirándote alrededor del saxofón, y contar historias pasadas con la voz que me desconcertó y encantó por vez primera, pero que ahora tengo tan grabada que me duele. Tan grabada como guardada en favoritos como tantas frases que me has dicho y que ahora no soy capaz de leer. 

No te conocí para quedarme, pero me cambiaste los planes y ahora tengo que volver a dejar que el agua corra...

Y aunque ya no seamos, mi querido "kote", recuerda que tú me hacías sonreír
Eres imperdible, pero te toca ser sinmigo. Escucha esta última, porque ya no me queda nada más que decir.

El resto de la historia solo la sabemos nosotros.

Se quedaron las dudas en el aire.

Y tu luna, en mi ombligo.





Siempre supimos hablarnos por canciones, y como yo no soy la racional... "no te duermas, que no hemos acabado". 

Mis 7 palabras.