¿Una taza de café antes de irte? ☕. Juro que no se está tan mal en este andén.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Capítulo neutro: Ni el diablo se atreve a mirar de reojo. Sólo ríe, sabe que hay peores infiernos que sus avisos.


Las peores pesadillas son las que se llevan por dentro.



Un revuelo de sábanas y sudor no siempre significa follarnos el alma. Ni un grito en la cama un orgasmo. A veces es más cómodo sufrir en el suelo apoyando la cabeza en el colchón, alargando el cuello y preparándolo para el hachazo.

No es difícil que falte el aire cuando te exprimen como un limón; ácida hasta escocer alrededores. 
Nos empeñamos en equilibrar la balanza entre película y realidad, y no vemos que estamos hasta el culo de mierda si no tenemos una cerveza en la mano. Menos mal que no fumabas, te hubieses quemado. Menos mal que no fumo, me hubiese incendiado.

Una pizca de azúcar no es suficiente para endulzarnos. Las imágenes más dañinas son las que te imaginas pero que sabes que han pasado, porque tengo justo el comprobante con la fecha, la hora y los céntimos que pagamos para que no puedas volver a mentirme.

Ahora que no estás, que no te quiero ver, mi única preocupación es si taparme hasta arriba o dejar que se enfríe el sudor de tus mordiscos, porque amor, qué poco delicado fuiste.

Ni Freddy Krueger puede ya asustar a quien vive en su terreno. Por una vez conocemos los dos todas las cartas, y por suerte hoy tengo yo todos los ases.

En fin, qué sé yo.

Yo sólo sé que las peores pesadillas son las que se llevan por dentro y que no podemos despertarnos para ahuyentarlas.

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